Nube pública, privada o híbrida: cuál le conviene a una pyme

La nube pública, privada o híbrida se distingue por quién comparte la infraestructura y quién la mantiene. Según la definición del NIST, la nube pública está abierta a cualquier cliente y vive en las instalaciones del proveedor; la privada se reserva a una sola organización, dentro o fuera de su oficina; y la híbrida combina dos o más nubes conectadas. Para la mayoría de las pymes, la pública es el punto de partida.

Nube pública, privada o híbrida: qué cambia para una pyme

La diferencia entre una nube pública, una privada y una híbrida no está en la tecnología, sino en con quién compartes la infraestructura y quién se ocupa de mantenerla. Es una de las decisiones de fondo que conviene tomar al entender cómo funciona la nube antes de elegir servicio, y la referencia para definir cada modelo sigue siendo la publicación SP 800-145 del instituto de normalización estadounidense (NIST, 2011, en inglés).

Para un autónomo o un negocio de pocas personas, la respuesta corta es casi siempre la nube pública. La larga depende de tres cosas: lo que te exigen tus clientes, el peso de tus archivos y quién va a mantener las máquinas.

Los modelos, en una tabla

El NIST distingue cuatro modelos de despliegue. Reformulados para un negocio pequeño:

ModeloQuién usa la infraestructuraDónde estáQuién la mantieneCómo se ve en una pyme
PúblicaCualquier cliente que la contrateEn las instalaciones del proveedorEl proveedorGoogle Drive, OneDrive o Dropbox con una cuenta de empresa
PrivadaUna sola organizaciónEn tu oficina o en la de un terceroTú, un proveedor o ambosUn entorno de servidores reservado para tu empresa en un centro de datos
ComunitariaVarias organizaciones con necesidades comunesDentro o fuera de sus instalacionesUna o varias de ellas, o un terceroPoco habitual en pymes; típica de sectores con normas compartidas
HíbridaCombinación de dos o más de las anterioresRepartidaCada parte, la suyaUn disco en red en la oficina que sincroniza carpetas con una nube pública

La entrada de Wikipedia sobre los modelos de implementación de la nube recoge la misma clasificación. Lo que ninguna tabla dice es cuánto trabajo trae cada casilla.

Lo que pagas con cada modelo, además del dinero

La nube pública se paga en cuotas, normalmente por usuario y mes. A cambio, el proveedor compra los discos, aplica las actualizaciones y vigila los edificios. Tú cedes control: las condiciones, la ubicación disponible y los cambios de precio los decide él.

La nube privada te devuelve ese control, pero no lo regala. Alguien tiene que configurar el sistema, instalar parches de seguridad, vigilar los discos, renovar el equipo cuando envejece y hacer copias de seguridad. Si está en tu oficina, además, dependes de tu electricidad, de tu conexión y de que nadie se lleve el aparato. Si la alojas en un proveedor, te ahorras la parte física y pagas por ello.

La nube híbrida suma ventajas y obligaciones. Ganas velocidad local para los archivos pesados y una copia fuera de la oficina, pero tienes dos sistemas que mantener y reglas de sincronización que alguien debe entender. El día que esa persona se va, el sistema sigue funcionando hasta que falla algo.

¿Un NAS con acceso remoto es una nube privada?

Los fabricantes de discos en red (NAS) suelen anunciar sus equipos como «tu nube privada». Con la definición del NIST en la mano, la afirmación se queda corta. Una nube reúne cinco características: autoservicio bajo demanda, acceso amplio por red, recursos compartidos, elasticidad rápida y servicio medido.

Un NAS con una aplicación de acceso remoto cumple bien la segunda: abres tus archivos desde cualquier sitio. Pero no es elástico: cuando los discos se llenan, compras discos. Es más exacto llamarlo almacenamiento propio con acceso remoto. No es una crítica al aparato, que puede ser una buena pieza de una estrategia híbrida; es un aviso para no comprar la palabra «nube» y olvidar que el mantenimiento sigue siendo tuyo.

Un árbol de decisión en tres preguntas

Si dudas, recorre estas preguntas en orden. La primera respuesta afirmativa marca el modelo.

Tres preguntas para elegir entre nube pública, privada e híbrida.

Aplicado a casos reales:

  • Una asesoría de cinco personas en Lima, con documentos de oficina y una buena conexión, termina en la nube pública. No tiene a nadie para mantener servidores y no lo necesita.
  • Un estudio de arquitectura de Sevilla que abre cada día modelos y renders de varios gigas puede trabajar con un NAS en la oficina para lo pesado y sincronizar con una nube pública lo que comparte con clientes: híbrida.
  • Una consultora de software de Monterrey cuyo cliente exige por contrato un entorno reservado necesita una nube privada, y lo razonable es alojarla en un proveedor especializado en lugar de montar un armario de servidores.

Antes de decidir, dos comprobaciones más

El modelo responde a quién comparte la infraestructura, pero no a dónde está. Una nube pública puede guardar tus archivos en tu país o a miles de kilómetros, y conviene conocer la ubicación física de los servidores antes de firmar, sobre todo si guardas datos de clientes.

Y si lo que te atrae de la nube privada es tener los archivos «en casa», compara primero con la solución más sencilla. Para un autónomo con pocos datos, la duda real no suele ser pública o privada, sino la nube frente a un simple disco externo, y cada opción cubre riesgos distintos. El INCIBE recuerda, en sus recomendaciones para almacenar información en la nube, que la disponibilidad, la trazabilidad y las copias deben estar resueltas antes de convertir cualquier servicio en el archivo principal de la empresa.